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El espejo de Giovanny


Giovanny representa todo lo que hace falta en este nuevo mundo. Un mundo donde se nos ha olvidado quiénes somos, de dónde venimos y cuál es el sentido último de haber pasado por esta vida.



En un mundo frenético, de pasiones, de populismos, de egos, de “likes” y de “selfies”, parece imposible romper las cadenas que nos ha impuesto nuestro ego. Parecemos sordos a cualquier llamado a la cordura o a un sentido de humanidad. Y en esa sociedad del espectáculo, llegó la pandemia para recordarnos que no somos inmortales, ni superiores, ni dueños de la naturaleza.


Pero también, en medio de esa gritería de vanidades vacías, de pergaminos postizos o de una búsqueda de un éxito mal entendido, llegó Giovanny.


Un joven que encarna todo lo que nos hace falta en una sociedad llena de espejismos e hipocresías. Un joven frágil, asmático y con discapacidad. ¿Cómo podría sobresalir en este mundo injusto y cruel? Para él fue posible gracias a un poder sobrenatural: el amor de una madre.


Vivían todos, 9 personas de la familia, hacinados en un piso en Villaluz, Engativá. Su madre, que ya había entendido que su propósito de vida era Giovanny, lo sacaba escondido, para evitar la mirada de la gente, que en su incomprensión y soberbia, no reconoce esa fragilidad de la humanidad, ese eslabón que deberíamos enaltecer si tuviéramos un nivel digno de civilización.


Con el ímpetu arrollador de su madre, que durante años trabajó 18 horas (madrugada a llevarlo a la Fundación Fe, trabajaba al destajo, diseñaba campanas, estudiaba arte de noche) su hijo fue entendiendo el sentido de su vida. Fue tal el esfuerzo de su mamá, que cuando ella finalmente se pudo graduar colapsó y fue hospitalizada por estrés. Pero su esfuerzo fue recompensado. “Mi mejor obra fue Giovanny”.


A pesar de sus problemas de rodilla, de su asma, o de sus afecciones en las articulaciones, a los 14 años fue campeón de natación. Y logró dos medallas de oro en las olimpiadas especiales en Santa Marta.


Ahí empezó a forjar su destino. A entender que su historia no iba a ser marginal sino protagónica, ejemplar. ¿Por qué no? ¿Quién dijo que no se podía?


Hoy gracias a la mano que le dió Best Buddies hace varios años tuvo una oportunidad para demostrar de qué estaba hecho. Que él no iba a caminar en la periferia con una sociedad que le daría la espalda. Él sabía que su destino era ser un referente, que iba a tener su propia voz. Para su mamá, que lo dio todo, para su familia, que lo acompañó en esa odisea y para la empresa que lo contrató, Alkosto, que cuando lo conoció trabajando cayó a sus pies. Por el poder magnético de su humildad, de su esfuerzo, y de su disciplina.


Hoy, después de 14 años trabajando en la empresa logró un sueño que parecía inalcanzable: comprar su propio apartamento. El joven que parecía diferente, es hoy el eje vital de la familia y el sustento de su mamá. Es un ejemplo de perseverancia y superación.


Pero, por encima de todo, Giovanny es un símbolo. Un símbolo a través del cual nos deberíamos ver como seremos humanos. De entender el valor de la empatía y la inclusión en momentos en que el planeta agoniza, los liderazgos escasean, las brechas se agrandan y Colombia necesita recuperar su autoestima y reconocerse dentro de su diversidad.


Texto de Alejandro Santos Rubino

Fotografía de Camilo George


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El texto y la imagen hacen parte del Calendario Best Buddies Colombia 2022 - Historias de un año como ningún otro.


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